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Nazza Stencil, es de Buenos Aires, de la Matanza, pinta con la técnica del esténcil, su trabajo se puede ver en Fuegia Basket Nº 134. “El trabajo que hice fue un homenaje a un soldado conscripto. Eso quiero que quede recalcado, porque esa es la idea, un soldado conscripto que vive acá en la ciudad de Ushuaia. No es fueguino pero vive desde el año 86 acá, excombatiente, con una carga y una historia muy
fuerte muy interesante, creo que todos los excombatientes, cada uno tiene como un recorte de lo que pasó”.

Nazza cuenta sobre Chamorro que él tuvo que enterrar a diez de sus compañeros , y que hay un caso emblemático entre las historias entre los excombatientes la historia de un ex jugador de Banfield que: “la característica es que sus padres, tienen el cuarto tal cual como cuando él se fue.
De hecho le habían comprado un cero kilómetro y ese auto está estacionado, nunca se usó. Chamorro, que es mi homenajeado fue él quien le tuvo que avisar a esos
padres como su hijo murió, como lo enterraron y es como muy fuerte eso como historia”.
Otra data extra que cuenta Nazza de Chamorro es que: “él nunca volverá a las islas hasta que no se sepa que realmente sus compañeros están identificados. Son de esos pocos casos, porque muchos excombatientes ya viajaron”.

Sobre el efecto de lo que él pinta Nazza comenta que: “a veces lo que uno hace, lo que pinta, trasciende a la historia de uno, yo lo estoy contando lo estoy hablando, pero
se trata un poco de eso, plasmar en una imagen, ponerle rostro a las imágenes de estas historias y me parece más valioso porque a veces quedan ahí plasmadas y si alguien cuando pase y ve esta imagen y vuelva a pasar y quiera investigar y quiera ver y se quiera como acercar a estas historias yo ya me doy por cumplido. Aparte esto una vez que se pinta ya pasa a ser de todos”.

“Creo que este tipo de acciones, de murales, de intervenciones, el espíritu del evento es un poco eso, que se pueda hacer algo y es público, no es lo mismo que un museo, acá podés verlo todo es libre está abierto. Incluso puede haber gente que le guste
más o menos pero está ahí, es lo más democrático que puede haber, que pueda existir porque está ahí, y que pasa a ser parte del contexto, del entorno, la gente se apropia de esos lugares”.

Nazza trajo una serie de plantillas, estuvo durante un mes preparando el material, procesándolo, su dinámica de trabajo no es igual al proceso de los demás muralistas el proceso de acción sobre las paredes es diferente: “la acción es pintarlo, son plantillas, moldes calados, donde se va reproduciendo esa imagen, pero todo ese trabajo previo viene desde otro lado. Por eso me permitió traer otros proyectos, el de una mujer Shelk´nam, que me gustaría que quede. Después la imagen de una nenita de pueblos originarios de Centro América, traer un poco de materiales y poder plasmarlos en un par de lugares”.

En la olla de Skate del polideportivo, una de las noches, los artistas encontraron que estaba pelada, sin pintar: “dijimos entre todos, Che y si metemos ahí, teníamos un poco de pintura negra, porque los colores estaban en los murales, pero teníamos unos bidones, yo tenía las plantillas, y salió como una zapada, un gran cadáver exquisito, le podríamos llamar eso, como una expresión en donde todos participaron. Acá hay lenguajes de todo tipo. Algunos cercanos a lo que pintan ellos, otros no, pero fue como un jump o una zapada, como sería en otras disciplinas. Para nosotros que participamos en este evento creo que es la parte que nos construye más, que nos encuentra haciendo cosas que nos divierte que nos gusta y es una forma de entrar en el diálogo, como los músicos cuando se juntan y zapan. Es juntarse y jugar con los pocos colores, con las formas con las tramas, con las texturas. Venimos de diferentes lugares de construcción de la imagen y convivir en un momento e intercambiar eso, es super potente, es lo mejor que nos llevamos”.